Los niños alemanes ya pueden hacer ruido

18 agosto, 2010

El gobierno alemán ha llegado a un acuerdo tanto con la oposición como con los gobiernos de los länder, para reformar la legislación que limita el ruido que se permite hacer a los niños en los edificios y en las zonas públicas. Los pequeños alemanes, educados en el arte del silencio y que habitualmente no osan hacer un ruido hasta que llegan, ya mayorcitos, a Mallorca, estaban sometidos hasta ahora a una regulación que permite a cualquier vecino denunciar fácilmente el exceso de alboroto, con la consiguiente multa para los padres de las criaturas.

Esta normativa, que no estaba supeditada a horarios nocturnos ni a la edad de los infantes, además de envenenar considerablemente las relaciones vecinales, ha causado incluso numerosos cierres de guarderías o jardines de infancia en los que, a juicio de los vecinos, los niños hacían ruido. Las modificaciones afectarán tanto a los edificios como a los espacios deportivos al aire libre y los parques infantiles.

De ahora en adelante, el ruido de los niños no será considerado legalmente como “contaminación acústica y la ley recogerá el siguiente principio: “El ruido de niños jugando es una manifestación apropiada de la infancia y fundamentalmente tolerable en el interés de la preservación de su desarrollo”. Bastante más poética se ha mostrado la ministra bávara de Asuntos Sociales, Christine Hadertauer, al afirmar que “Los niños no hacen ruido, sino música celestial”, demostrando que la consideración política del barullo infantil se ha movido en sentido pendular hasta el extremo opuesto.

El ejecutivo alemán, una vez conseguido el respaldo de los länder, prepara ahora un paquete legal interministerial que entrará en vigor en 2010 y que extenderá las modificaciones a las ayudas al alquiler. Si hasta ahora encontrar una vivienda era misión imposible para las familias numerosas en muchas ciudades alemanas, en el futuro contarán con programas de orientación específicos y con incentivos estatales. Muy beneficiados resultarán también los jardines de infancia y negocios de ocio infantil, que venían encontrando ubicación con gran dificultad.

Todos estos cambios responden a la crisis demográfica que amenaza a Alemania y a la necesidad de los alemanes de cuidar a su infancia, cada día menos abundante y encargada de la difícil tarea de pagar las pensiones de jubilación a la amplia franja de población que hasta ahora la venía denunciando por ruidosa

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